China
China, la competitividad y la señal que deja el cierre de Fate
El cierre de Fate expone algo más profundo: no compiten salarios, compiten modelos productivos. China construyó escala y sistema; Argentina arrastra costos e inestabilidad.
Por Sergio Spadone
20 de febrero, 2026

El cierre de la histórica fábrica de neumáticos Fate no es solamente una noticia empresarial. Es una señal. Según la propia compañía, uno de los factores determinantes fue la creciente presión de neumáticos importados, especialmente de origen chino, que llegan al mercado argentino con precios sensiblemente más bajos que los fabricados localmente.
La reacción inmediata suele dividirse en dos posiciones opuestas. De un lado, se acusa a China de competencia desleal o dumping. Del otro, se responsabiliza exclusivamente a la ineficiencia argentina. Sin embargo, el fenómeno es más complejo y, sobre todo, más estructural.
La pregunta de fondo no es simplemente por qué un neumático chino puede venderse más barato. La pregunta es por qué China se ha vuelto sistemáticamente más competitiva en una enorme cantidad de sectores industriales.
Más que salarios: un ecosistema productivo
Durante años se atribuyó el ascenso industrial chino al bajo costo de su mano de obra. Esa explicación hoy resulta insuficiente y, en algunos sectores, directamente equivocada. China ya no es la economía de salarios ínfimos que era en los años noventa. En muchas ramas manufactureras, los salarios industriales chinos son comparables —e incluso superiores— a los de varias economías emergentes. De hecho, parte de la producción intensiva en mano de obra se ha desplazado hacia países del sudeste asiático con menores costos salariales.
El diferencial competitivo chino no reside principalmente en el salario nominal, sino en el costo por unidad producida. Y allí entran en juego factores más estructurales: productividad elevada, escalas de producción gigantescas, integración vertical de cadenas de suministro, infraestructura logística de primer nivel, acceso a financiamiento a tasas significativamente más bajas y políticas industriales coordinadas y sostenidas en el tiempo.
En el caso específico de los neumáticos, China no solo fabrica el producto final. Integra petroquímica, acero, maquinaria industrial, automatización, logística portuaria y financiamiento dentro de un mismo ecosistema productivo. Esa articulación reduce costos en cada eslabón del proceso. Cuando un neumático chino llega al mercado argentino con un precio menor, lo que está compitiendo no es un trabajador contra otro trabajador. Es un sistema productivo completo contra otro sistema productivo.
La brecha argentina es sistémica
Si la competitividad china no se explica por salarios bajos, tampoco la brecha argentina puede reducirse a la idea de “salarios altos”. Un trabajador industrial argentino puede tener un salario nominal similar —o incluso inferior, medido en dólares— al de un trabajador chino en determinadas ramas manufactureras. Sin embargo, el costo total por unidad producida suele ser más elevado. La diferencia radica en el entorno en el que opera la empresa.
En Argentina, la industria enfrenta una combinación persistente de factores que erosionan competitividad: presión impositiva acumulativa a lo largo de la cadena productiva, costos financieros históricamente altos, volatilidad cambiaria, escalas limitadas del mercado interno, infraestructura con ineficiencias estructurales y cambios frecuentes en las reglas de comercio exterior. Cada uno de estos elementos, por separado, podría ser administrable. En conjunto, conforman un entorno que encarece el producto final y desalienta la inversión de largo plazo.
Mientras China compite con integración industrial y planificación sostenida, Argentina compite con incertidumbre macroeconómica y discontinuidad normativa. El resultado no es una diferencia marginal sino una brecha acumulativa que se expresa en precios, pérdida de mercado y, finalmente, cierre de plantas.
El vínculo con China, además, no es circunstancial. Es uno de los principales socios comerciales de la Argentina, el mayor comprador de soja y un actor creciente en energía, minería e infraestructura. Es, al mismo tiempo, un mercado de oportunidades y un proveedor industrial altamente competitivo. Esa dualidad genera beneficios y tensiones. Pero la relación es estructural y llegó para quedarse.
Competir en un mundo que ya cambió
El cierre de una fábrica histórica siempre es una mala noticia. Sin embargo, si lo leemos únicamente como un episodio aislado, perderemos la oportunidad de entender lo que realmente está en juego. China no se volvió competitiva por accidente ni por una ventaja transitoria. Construyó durante cuatro décadas un ecosistema industrial coherente, con estabilidad macroeconómica, financiamiento previsible, infraestructura de escala global y políticas sectoriales consistentes. Puede discutirse su modelo político, pero es difícil cuestionar su continuidad estratégica.
La Argentina, en cambio, ha alternado entre ciclos de protección y ciclos de apertura, entre estímulos industriales y desincentivos fiscales, entre estabilidad y crisis recurrentes. Esa discontinuidad tiene un costo acumulativo que termina expresándose en la estructura de costos de sus empresas.
La pregunta de fondo no es si debemos “frenar” a China ni si debemos resignarnos a importar todo. La verdadera discusión es si la Argentina está dispuesta a definir una estrategia productiva de largo plazo que le permita competir en un mundo donde la escala, la tecnología y la productividad son determinantes.
Eso implica estabilidad macroeconómica sostenida, financiamiento razonable, una revisión profunda del esquema impositivo que grava la producción y una definición clara de sectores donde el país pueda construir ventajas reales, ya sea por recursos naturales, conocimiento, integración regional o inserción inteligente en cadenas globales de valor.
El caso Fate no es solo una historia empresarial. Es una advertencia sobre el mundo industrial que ya estamos habitando. Hoy no compiten empresas aisladas. Compiten modelos de desarrollo.
La pregunta no es cómo defenderse del mundo. La pregunta es cómo prepararse para competir en él.
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