Abril, 2023

Juan Antonio Barroso – ex combatiente de Malvinas- “Yo de acá no me voy a ir. Yo aquí vine a pelear, y voy a tirar”

Juan Antonio Barroso – ex combatiente de Malvinas- “Yo de acá no me voy a ir. Yo aquí vine a pelear, y voy a tirar”

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CyF: Estamos al aire con Juan Antonio Barroso, que es ex combatiente de Malvinas. Se integró en 1982 al Regimientos de Infantería como cabo de la compañía. Llegaste a Malvinas el 13 de abril ¿Cómo fue que llegaste a Malvinas? ¿En qué situación estaba para llegar ahí?

JAB: Bueno, yo era cabo, pertenecía al Regimiento de Infantería mecanizado 6, y estaba en ese momento en la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Ajá. Yo regresaba de la vacaciones el día 2 de abril, y en la madrugada me entero que las Fuerzas Armadas habían recuperado las Islas Malvinas, y nos dice jefe que teníamos que formar una compañía porque teníamos que marchar a Malvinas. Nos llevaron otra vez al al cuartel a juntar soldados porque la clase 62 había sido dado de baja, habían quedado sólo las guardias para seguridad en el campo.

CyF: ¿Cuántos años tenías?

JAB: Yo en ese en ese momento yo tenía 21 años.

CyF: Ah… eras, un chiquilín.

JAB: Era joven…

CyF: ¿Y querías ir a Malvinas o te sorprendió? ¿Cómo fue tu primera sensación cuando te enteraste de esto?

JAB: Sí, lo que pasa es que en ese momento… cuando a nosotros nos llevan otra vez al cuartel, nos llama el jefe del regimiento. Nos reunieron en la Plaza de Armas y nos comentó, nos habló que se habían recuperado las Islas Malvinas ahí. Y, bueno, la orden que había era que había que formar una compañía para mandar a Malvinas, así que la pregunta en rigor fue:  “Señores: el que no esté dispuesto a marchar a Malvinas para defender la Patria, que de un paso al frente.” ¿Te imaginas qué? Nadie dio ningún paso. Nadie dio un paso al frente porque estábamos por algo en el Ejército. Estamos por el tema nuestro la bandera y la Patria. Y si estás ahí es porque te gusta la Fuerza Armada. Nos mirábamos con otros a ver quién daba un paso al frente porque seguro que el que daba un paso al frente, quedaba mal, nadie dio un paso.

CyF: Es interesante que lo dejaran a criterio de los soldados… ¿Cómo terminan yendo a las Malvinas?

JAB: En avión. Nosotros partimos el día 12 de abril de Mercedes al Palomar y del Palomar a Río Gallegos. Llegamos a la en la noche. Y para madrugadas 5:30  más o menos creo que llegó un avión que venía de las islas. Desciende un general y  pregunta  qué unidad era. Le dijeron y dice: esta compañía marcha inmediatamente a Malvinas.

CyF: ¿Y que sentiste en ese momento, cuándo te subías al avión… pudiste hablar con tu familia? ¿Sabían que ibas a Malvinas? Contarnos un poco ese aspecto humano… ¿Tu familia sabía que ibas a Malvinas, estaban en comunicación, cómo, cómo fue ese momento?

JAB:  La familia en ningún momento sabía que íbamos a Malvinas. Yo fui a mi casa en Mercedes, una hora a ver mi familia. Yo tenía mi nena, tenía una nena de 6 meses, y salí ponele una hora a mi casa a ver mi familia porque estábamos acuartelados y bueno, regresé al cuartel. Mi mujer se enteró después porque fueron al cuartel a ver qué pasaba que no sabía nada de nosotros y nosotros ya estábamos en las Malvinas. El momento en que ahí, en Río Gallegos, en una oscuridad terrible, en un frío terrible, desciende ese general en ese avión y ordena que tienes que embarcarte y partir a Malvinas, eso fue un golpe… un golpe duro. Porque era para nosotros que éramos instructores, que éramos de carrera, que venga el soldado y te decía, ¿Cómo hago para avisarle a mi madre? ¿Cómo voy a hacer para avisarle a mi familia? Y yo, para consolarlos un poco, les decía: soldado, en este momento no le podemos avisar a nadie. Yo tengo a mi mujer con la nena en Mercedes y ¿cómo le aviso?

CyF: ¿Uds., con el Regimiento VI, marcharon hacia el monte Dos Hermanas?

JAB: Nosotros fuimos los primeros en llegar, a la madrugada. Primero estuvimos en Puerto Argentino y después nos desplazaron a la montaña Dos Hermanas. La verdad es que no sabía ni en qué lugar estábamos parados. La montaña Dos Hermanas fue el destino final.

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CyF: En el continente la gente estaba muy comprometida, tejiendo bufandas, armando cajas con comida… ¿Cómo se vivió entre ustedes el tema de que los soldados no estaban equipados? ¿Es cierto eso?

JAB: Ropa. La ropa. Es la pregunta del millón, esa. Te imaginás que en Buenos Aires es ropa de llanura. En otras provincias es distinto. Pero nosotros fuimos con la ropa que estábamos en Buenos Aires, ropa de llanura…

CyF: O sea… pasaste frío.

JAB: Y sí, bastante. Vivíamos húmedos. El día que no había una llovizna, había una nevadita, una niebla. Tu ropa estaba húmeda permanentemente. Y te imaginás que vos pisás y donde levantás el pie, se llena de agua el pocito ese donde vos pisaste. La carpa donde dormíamos, la colchoneta no tenía más de dos dedos de alto, estaba húmeda. Las mantas, el aire, todo se humedece. Lo mismo que la bota cuando se moja mucho: el cuero se vuelve carne. Estuvimos dos meses con la misma ropa, las mismas medias… Es difícil sobrevivir a eso.

CyF: ¿Ustedes sentían que estaban defendiendo a la Patria?

JAB: Y sí… porque es lo que te enseñan, es lo que te inculcan. La bandera es sagrada, no podíamos defraudar.. Ofrendar la vida para defender a la Patria, era lo máximo que podíamos pretender nosotros.

CyF: ¿Cómo fue el momento en que se enteran en que llegaban los ingleses?

JAB: La información hacia la tropa era muy poca y nada. Nos enteramos que los ingleses partieron rumbo a Malvinas y después que nos rodeaban y nadie hacía nada. Los dejaron llegar y nos dejaron rodearnos. Nos bombardearon… Cuando más nos enteramos y más se tomó conciencia por parte de la tropa, fue con el bombardeo de la pista, del aeropuerto. Yo estaba a 20 kms del aeropuerto y se veía el humo de las bombas. Ahí cambió todo.

CyF: Había empezado la guerra.

JAB: Ahí empezó la guerra.

CyF: ¿Qué es lo que te tocó a vos?

JAB: Yo estaba a cargo de un mortero en la montaña Dos Hermanas. Eran dos morteros: el uno y el dos. Yo estaba a cargo del mortero dos, junto con cuatro soldados. Nos juntábamos con los soldados, tenía buena relación con ellos. Yo sabía bien lo que sentía un soldado, porque yo sabía la vida del soldado. Por eso yo los protegía y los trataba bien: los hablaba, los aconsejaba. Algunos tenían 18, 19 años. El soldado era lo que la gente llama “colimbas”, nosotros le decíamos “soldado”. Soldado era el que estaba por obligación haciendo el servicio militar. Los otros eran personal de cuadro.

CyF:¿Cómo era operar un mortero de 81 mm?

JAB: Uno recibe órdenes. Yo recibía órdenes de mi jefe de sección. Yo tenía cuatro soldados a cargo, e impartía las órdenes: tenía un apuntador, un cargador, un preparador de proyectiles y un abastecedor.

CyF: ¿Cuándo entraron en acción?

JAB: Pasó un avión enemigo pero no nos atacó. Y yo sospeché que era de reconocimiento. Y las piezas cuando tenés un mortero, un cañón, hay que cambiarla cada tanto de lugar. Pedí el cambió pero no me autorizaron. Al mediodía volví a pedir, pero no me autorizaron. A la tarde de nuevo y ahí me dicen: bueno, para que te dejes de joder, búscate otra posición. Entonces agarré, fui a elegir el lugar. A las 8  de la mañana empezamos y a las 9 ya teníamos todo organizado. Y ya en la posición nueva, a las 11 de la mañana pasa un avión enemigo y arroja una bomba en la posición donde yo tenía el mortero anteriormente. Donde solíamos estar con veinte soldados charlando.

CyF: Y bombardearon tu lugar.

JAB: Barrieron mi lugar. Si hubiese estado ahí con los soldados, nos matan a todos, no queda ninguno.

CyF: ¿Alguna vez tuviste temor por tus soldados o por tu propia vida? ¿Podés poner en palabras esa sensación? ¿Tuviste miedo?

JAB: En todo momento sentís temor. Cuando ya empezó el tema de los combates cerca, y teníamos a los ingleses a 3 km, ya empezás a preocuparte más porque no sabés en qué momento te puede caer un proyectil de artillería y no saber más nada del mundo. Un ataque, una emboscada en la noche… se podía recibir un ataque sorpresa o una emboscada de los comandos. Esas cosas te llenan de temor. A veces, cuando tenías que recorrer la montaña, en las noches muy oscura, bajar la montaña casi sentado porque no tenías sendero donde bajar y el temor de que te podía sorprender el enemigo detrás de una montaña, de una roca, y atacarte. Yo lo que no quería era… yo dije: llevo cuatro soldados y a los cuatro los tengo que traer de nuevo al continente. Yo siempre les decía: si hacemos las cosas bien, vamos a estar bien. Había que hacer las cosas con responsabilidad.

CyF: ¿A qué te aferrás cuando tenés miedo?

JAB: Lo que te hace un poco más fuerte es no darte manija por tu familia. Te imaginás, yo tenía una hija de 6 meses. SI yo en aquel momento me ponía a pensar en ella, en mi mujer, en mi madre… te agarra un bajón. Yo les decía a mis soldados: ustedes no tienen que darse manija por sus padres o su familia, porque en este momento, los que estamos en peligro, los que estamos arriesgando la vida, somos nosotros. Porque tu papá, tu hermana o mi mujer y mi hija estaban acá en el continente y estaban fuera de peligro. Había algunas personas que estaban bajoneados o mal psicológicamente, porque estaban pensando en su familia, en sus hijos, y pensaban que si los mataban no los iban a ver más. Estaban pensando en que los podían matar. Yo en el monte Dos Hermanas, cuando llegó el momento de entrar en combate, en ningún momento me acordé de mi familia.

CyF: ¿Cómo fue el combate en Dos Hermanas?

JAB: Mi compañía éramos 250. A nosotros los ingleses nos dejaron para lo último, porque fue el 12 de junio. Mi posición de mortero era el apoyo de la compañía. Teníamos un alcance de 3 km. En la noche del 12 de junio los ingleses se largan al ataque con todo y mi compañía no ofreció resistencia y se replegó porque no tenían posiciones buenas e iban a ser aniquilados. Se replegaron, porque no tenían donde protegerse. Pasan por encima de donde estaba mi posición, mientras se repliegan. El jefe me dice: Rajen que acá nos hacen puta, váyanse. Yo no me quería ir porque escuchaba gritos de soldados heridos nuestros, a 60 o 70 metros de donde yo estaba. Los gritos del soldado Warnes que gritaba, que se lo llevaran, que no lo abandonaran. Pedía por Dios y la Virgen que no lo dejaran. Había otros que gritaban pidiendo auxilio. Nuestro Jefe de Compañía ya se había ido hace 40 minutos, y nos vinieron a pedir apoyo de fuego, pero mi jefe ya no estaba. A todo esto, yo estaba en mi posición en la cueva de la montaña y se acerca un soldado que no era de mi grupo y me dice: “Vamonos de acá Barroso, acá nos van a matar.”, y yo le digo: yo no me voy a enojar con vos porque vos te quieras ir, ándate,  pero yo de acá no me voy a ir. Yo aquí vine a pelear. Yo voy a tirar. A mí no me importa si me van a matar. En eso me llama mi Jefe de Sección y le digo: “Ordene mi subteniente” y me dice: “Vamos Barroso, vamos”; y le digo: “¿Adónde vamos mi subteniente? Yo de acá no me voy mi subteniente, yo acá vine a pelear y en la primera de cambio me voy a ir? Tengo 200 tiros ahí en el mortero. Tengo dos cajones de proyectiles preparados… ¿No escucha los gritos del soldado Warnes que está pidiendo por favor que no lo dejen? ¿No escucha los gritos? ¿Al cabo Irigoytía? Y tiene que haber más soldados bajo el fuego del enemigo. Y los ingleses venían avanzando en un frente de 600 o 700 metros, abriendo fuego con lo que tenían, aniquilando lo que estaba en el camino.

CyF: O sea que tu posición era el frente…

JAB: Mi posición era un frente de 1000 metros más o menos, pero debía cubrir unos 400 o 500 metros. Nos quedamos solos con mi grupo de mortero. Y le dije de todo a mi subteniente, y llega otro subteniente, Aldo Franco, me apoya y me dice que tire. Y mi jefe le grita: ¡Es que si tiran los van a matar! Y yo le grito: ¿Y a vos qué mierda te importa si a mi me matan?. Me fui a mi posición, me planté yo al lado del mortero y empezamos a abrir fuego al frente. No se veía nada, y sólo se veía el fuego de las armas de los ingleses que abrían fuego adonde estábamos nosotros. Le dí apoyo a las compañías que estaban atascadas y no podían salir, más o menos me guiaba por mi instinto. El mortero tiene dos manivelas: para distancia y para tirar a la izquierda y a la derecha. Como las manivelas eran lentas, tomé la decisión de abrazar al tubo del cañón con el brazo izquierdo y dirigía el tiro con mi cuerpo, que amortiguaba el fuste. Yo lo tenía en el aire. Cada 12 tiros tenía que dejar descansar el mortero. En ese momento sentía que tenía como los dedos de acero, y pensaba que si me tiraban una bala me rebotaba, porque tenía una furia, una bronca… y gritaba a mis compañeros. Y en el momento en que hacen una pequeña pausa en el fuego los ingleses, llegaron mis compañeros que se replegaban. Y yo les grito desde mi posición porque estaba cubierto a mis espaldas y en el frente, y las balas de los ingleses pegaban contra la montaña y nos caía el plomo sobre nosotros, pero estábamos protegidos. Los ingleses querían dejarnos fuera de combate. Tenía a los ingleses a unos 150 metros.

CyF: ¿Cómo terminó el combate?

JAB: Como no tenía apoyo y el otro mortero se había ido, quedamos completamente solos, frente al ataque de unos 600 ingleses. Luego de hacer los disparos y cuando ya se habían replegado nuestros soldados,  tiramos el mortero por la montaña y dejamos el la posición.

CYF

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